Por: Joaquín A González Gautreaux
Estudiante de termino de la carrera de Derecho en UNIBE

Analogía I: Republica Dominicana, 173 años después …

A lo largo de la vida de la historia de la Humanidad, han sido muchos los sucesos sociales que han cambiado profundamente el rumbo del destino que parecía llevar la propia historia. Sin embargo han sido pocos los procesos que de manera absoluta han evolucionado la forma en que nos relacionamos los unos a los otros, es decir nuestro modo de vida, procesos que podríamos categorizar como la triada revolucionaria de la raza humana.
La primera e inédita revolución agrícola de hace varios milenios de años nos dejó el feudalismo, las monarquías y las ciudades Estados, mientras que a mediados del siglo XVIII surgió la llamada revolución industrial, la cual nos concedió el capitalismo, la democracia y la reestructuración de la familia al pasar la educación de la casa a la escuela, es decir, que cada una de estas dos revoluciones en la historia de la humanidad nos han conferido su propio sistema económico, político y social.
En este momento, dos siglos después de esa revolución industrial, la sociedad humana está atravesando por una tercera gran transformación en la esencia o naturaleza misma de las relaciones de poder; y esta vez dicho cambio de forma en nuestras vidas, en el mundo de los sentidos está sucediendo gracias a la revolución del conocimiento hecho y basado en la tecnología que da lugar a una manera distinta de relacionarnos y a un nuevo sistema de creación de riquezas que no es compatible con ese viejo modelo industrial.
Sin embargo, en el caso de nuestro país, lo paradójico de lo anteriormente expuesto es, como hoy, en el aquí y ahora de nuestro presente, en la República Dominicana, 173 años después de la independencia de nuestra patria, y mas de doscientos años después de la revolución industrial y de los Derechos del Hombre, la mayoría de los dominicanos aún no vivimos dignamente sino que sobrevivimos bajo niveles o condiciones de pobreza bastante similares a las de siglos atrás.
Como sociedad hemos atravesado por pocos cambios verdaderamente sustanciales, la falta de oportunidades para nuestra mayoría pobre, la corrupción e impunidad sistemática, el oprobio, el asesinato, el robo, una inexistente seguridad jurídica, ineficiente educación y salud pública, el embarazo adolescente, un sistema laboral que remunera mal al empleado. Parece que estamos atrapados en el tiempo o en el mismo paradigma en que vivían hace 400 años los esclavos de nuestra isla y es que el Estado dominicano suprime ese desarrollo y libertad que trajeron respectivamente consigo la revolución industrial y de los Derechos del Hombre en Occidente, arrebatando así las posibilidades de esperanza y de búsqueda de la felicidad en su pueblo. Somos un proyecto de nación inicuo, malvado e injusto, ¡en fin!, somos una sociedad cuasi fallida, por lo que es nuestro compromiso existencial, moral e histórico asumir la lucha por reivindicaciones sociales y empoderarnos e inspirarnos en el uso noble del accionar cívico, político y ciudadano para así detener esa notable desigualdad en las contradicciones del pulso del corazón de nuestra historia dominicana.

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