Relato personal.

Les voy a hablar de mi, de lo que he sentido y estoy sintiendo, viviendo. Hoy puedo decir a boca llena que el corazón no me cabe en el pecho, se ha tornado verde y no por ser el color de las luchas medioambientales en las cuáles he participado y de las que soy fiel creyente, ni porque el verde es el color de la esperanza, y mucho menos porque este sea el matiz que define la #MarchaFinDeLaImpunidad.

El corazón se me ha puesto verde porque al hablar, intercambiar y compartir en diferentes chats, interactuar en las redes sociales, ver el despliegue de creatividad, aporte y soporte, recibir un sin número de llamadas y mensajes privados positivos, he podido palpar que todos tenemos un punto en común: la unión, camaradería, solidaridad, ganas de cooperar y de trabajar por un mejor país. ¡Esto me llena!

Es más, todos mis órganos vitales están de ese tono verduzco, el mismo que recubre nuestra naturaleza, y es porque estoy experimentando algo soñado, anhelado, deseado y no esperado, ya que casi todo el mundo me decía: ¿eso?, eso es una utopía, es imposible, nunca se va a dar. Así como muchas otras cosas desalentadoras, sin embargo el momento histórico que se está viviendo en nuestro país hizo que ese sueño tuviera una forma muy extraña y especial de convertirse en realidad.

Relato y siento esto, aún en el momento turbio y oscuro que se vive en nuestro patio. Pongamos a Odebrecht a un lado por un momento y fijemos nuestra atención en nuestro diario vivir, todas las cosas que se ven a diario, los aumentos en todo, los crímenes, la crisis democrática, el sistema político partidario representativo fallido, la escasez de principios, valores eticos, morales y cívicos, el cero respeto a los derechos humanos, ciudadanos, constitucionales, la carencia de seguridad social y ciudadana y unas instituciones completamente disfuncionales. Tanto golpea el agua a la roca, ¡hasta que la rompe!.

Las razones antes mencionadas y la gota que rebozó nuestros vasos, los sobornos de Odebrecht, han levantado un movimiento general, conformado por todos los sectores de nuestra sociedad, sin importar raza, credo, clase social, banderías, ideales políticos o la falta de estos, etc. En fin una gama interminable de organizaciones, grupos e individuos que no se traduce más que en un despertar, en los primeros pasos de una real participación directa, colectiva y democratica, Algo nunca visto en mi historia republicana.

Señoras y señores, se vislumbra un despertar, un nuevo amanecer. La población está unida y trabajando en una misma dirección: ponerle fin a las irregularidades de nuestro sistema.

Se ha vuelto un sentimiento general que busca sentar un precedente de una vez por todas con este tan sonado caso transnacional, como lo es el escandalo de la constructora brasileńa y sus sobornos admitidos, confesos, juzgados y sentenciados para luego continuar con diferentes acciones de importancia para seguir normalizando nuestro terreno de juego.

Cuanto ánimo, amor, convicción, ganas, cortesía, profesionalidad, deseos y acciones positivas, poniendo a un lado cualquier pequeñez y enfocadas en un mismo norte: el ponerle un fin a la impunidad rampante y reinante en República Dominicana.

¡Estas son las razones por las cuales me he puesto verde y no quepo en ningún lado por donde me muevo!

¡He visto los corazones verdes…!, los estoy sintiendo y estoy caminando hombro con hombro con ellos, ¡Doy fe y testimonio de ello, y me hace feliz!

Solo les digo que no tengo palabras para describir esta experiencia y soy incapaz de imaginar como será el domingo 22 de enero a las 10:00 am en la Av. Máximo Gómez esquina 27 de Febrero, en la #MarchaFinDeLaImpunidad, porque si esto es antes de, ¡uf!, ¡promete sensaciones y sentimientos que desconozco!

#YoVoyPaLaMarcha

¿Y tú?

 

 

 

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