Crónica de Dos

Hoy abrimos un cobertizo para guarecernos. En sus paredes colgaremos el suspiro de la inspiración. Ricardo Ripoll me prometió traer imágenes y yo tallaré, con el cincel de la palabra, su silencio. Juntos haremos “Crónica de Dos”: el relato visual de las letras, o, al revés: la voz escrita de la imagen. Como quiera que se vea o escriba, el reto creativo será licuar en un solo aliento de luz las lecturas de un mismo retrato. La lente errante de Ricardo recogerá la vida en sus matices más sutiles y sensibles, en tanto mis dedos teclearán las letras para, en un solo minuto artístico, provocar al espíritu o punzar la conciencia. Juntos, imagen y palabra, o, lo que es lo mismo, Ricardo y yo, haremos una “Crónica de Dos”. La idea es hacer de cada entrega una pieza de colección para cuando se amontonen en el tiempo ordenarlas y publicarlas en un solo texto o exhibirlas en cualquier muro como testimonio visual de la palabra o el legado escrito de la imagen.

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Pan, follaje y arrugas

Una anciana rendida en su ocaso guarda en sus arrugas la luz de otras auroras. Nunca fue ni será tarde cuando la fe es suspiro, cuando las fuerzas reverdecen en los caminos del olvido, cuando el pan se convierte en bocado, y el follaje, con aroma a vida, bendice la espera. Ya podrá mecerse en el murmullo de la muerte convencida de que al final hubo razones para agradecerle al cielo la gracia inmerecida de sus largos años.

Fotografía artística: Ricardo Ripoll
Texto: José Luis Taveras

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