Sus problemas están afectando el caso.

El caso Odebrecht todavía no se hunde, pero nadie puede negar que está empapado, y no por lluvia, sino con agua de pozo. Cuando se conoció el sometimiento, la idea fue que todos los llamados serían escogidos para condenas largas y multas altas. El paso del tiempo, sin embargo, va marcando un destino incierto. Si la acusación llenó a medias las expectativas, la defensa provoca desconcierto. Si fuera por las reseñas, nunca la inocencia bailó tan elegantemente ni la música fue más espléndida. El vals de las mariposas hizo suyo el salón.

El juez preliminar lleva adelante sus audiencias sin que haya presión de por medio. Las controversias del procurador obran a su favor. Lo que se caiga se caerá por gravedad o mal sustento y no por arbitraje caprichoso. Las barras lucen desiguales y las réplicas de los adjuntos se juzgan insuficientes.

Ahora que Jean Alain no sale de un apuro, igual deja escapar la mejor de las oportunidades. Una forma de reivindicarse sería subir a estrado y evitar que se coman vivos a sus subordinados. Hasta ahora no sucede, y tampoco sucederá. Si Dios que habla inglés no mete la mano, lo de Odebrecht pinta fracaso.

Artículo Opinión de Diario Libre

Comments

comments