Mariano Figueroa de Paula fue asesinado el miércoles 18 de julio, al mediodía, en plena vía pública. Lo mató Ángel Ogando, Sargento de la Policía Municipal, arrebatándole el arma a un militar y disparándole en la cabeza a su víctima. Y lo mató por nada, porque sí, porque le dio la gana.

Mariano Figueroa de Paula no debió morir; no le tocaba todavía. Era chofer de camiones y con el fruto de su sudor mantenía a su esposa, a sus hijos de 6 y 10 años y a su hijastra de 15 años. Hacía unos meses que no tenía trabajo fijo, pero salía de su casa a las 5:00 de la mañana y regresaba a las 8:00 de la noche después de un largo día de “chiripear”, botando escombros y haciendo lo que tuviera que hacer para producir unos pesitos y llevarlos a casa al final de su jornada. Había perdido su trabajo, pero no su dignidad ni su sentido del deber.

Mariano Figueroa de Paula fue asesinado porque estaba en el lugar equivocado a la hora errada. Tuvo el infortunio de ver cómo se llevaban detenido a un infeliz que no había hecho nada que lo hiciera merecedor de ser arrestado. Quiso Mariano Figueroa de Paula defender al débil; intentó evitar que le negaran un juicio justo a aquel hijo de nadie que, a decir de los testigos, no había cometido el hecho del que el policía lo acusaba. Pero Mariano Figueroa de Paula no lo logró su propósito. Su solidaridad despertó los más bajos instintos de la pseudo-autoridad y esta, desde su vil bajeza, le disparó en la cabeza. Y no pasó nada. El superior del asesino lo exculpó, catalogando el crimen como un accidente. El abuso de poder, la corrupción y la impunidad, de nuevo, asomaron la cabeza e hicieron lo suyo:

Mariano Figueroa de Paula era pueblo. Mariano Figueroa de Paula era cada dominicano trabajador y serio que trabaja honestamente para echar para adelante a su familia. Mariano Figueroa de Paula era tú y era yo.

Mariano Figueroa de Paula está enterrado y su viuda, hijos, familiares y amigos lo lloran. No entienden. No entendemos. La sociedad hoy exige justicia porque esto no puede volver a pasar. No puede haber otro Ángel Ogando que dispare y se libre de la justicia. No puede haber otro “tiro” disparado por “accidente” a la cabeza de otro Mariano Figueroa de Paula. La dictadura del miedo llegó a su final. Esta sociedad hoy se levanta y demanda justicia. No acepta más abuso de poder. No acepta más impunidad.

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