Habla Faride Raful en el Congreso. Se le oye enfática y concentrada. Está tratando de que su preocupación y su alarma sean escuchadas. Pero sus señorías están en otra cosa. Unos mastican, otros compadrean, éste pasa su brazo por encima del hombro del amigo, aquel deambula por detrás de la oradora…

Les da igual. Ningunean a la oradora. Sus señorías no necesitan oír, ya saben qué deben votar. No están ahí para ejercer su mandato de control del Ejecutivo.

¿Analizar la política de endeudamiento incontrolado del gobierno? ¿Cuestionar los efectos de seguir agrandando la deuda pública? ¿Procedimientos? No; sus señorías son un sello gomígrafo. Hay sellos más baratos en el mercado.

Da vértigo, el monto de la deuda. “Es manejable”, dicen los empleados del gobierno. Pero las alarmas suenan hace tiempo, más fuerte con cada préstamo firmado, con cada dato sobre el porcentaje del presupuesto que hay que destinar a pagar intereses. El último en hablar ha sido Intec.

No importa, nadie escucha al otro lado. Sus señorías seguirán aprobando y con cada nuevo préstamo, el vídeo de Faride Raful ignorada ostensiblemente por el resto de sus colegas volverá a hacerse viral en las redes.

Un hombre entra a un banco y sale feliz porque le han concedido un millón de pesos. Pero no lo tiene: lo debe. Y con intereses. Porque el logro no es endeudarse, siempre van a aparecer bancos e instituciones que presten al gobierno dominicano, el de las vertiginosas cifras de crecimiento. El problema es pagar. Y cuando el invento explote, los que nos asfixiaron a préstamo limpio ya estarán en su casa, satisfechos del deber cumplido.

IAizpun@diariolibre.com

Comments

comments