Macron: las ayudas sociales no sacan a la gente de la pobreza

Puede que Macron tome medidas liberales, pero dista de ser un liberal

Macron: las ayudas sociales no sacan a la gente de la pobreza (Wikimedia)

No es fácil definir a Emmanuel Macron, ni mucho menos asociarlo ligeramente a una filiación política. Descrito como “el presidente de los ricos” por las distintas bases de la izquierda francesa  (entre estas voces opositoras, la que más sobresale es la del expresidente François Hollande, quien lo eligiera como su ministro de economía) y como un “blando” por la derecha más extrema, Macron es el fiel reflejo de lo que el hartazgo político puede despertar en los ciudadanos.

En este sentido, Macron y Donald Trump, su homólogo estadounidense, no se diferencian demasiado.

Quizás sea por esto que el mandatario francés es el único líder político de peso que se empeña en mantener una relación amigable con el otrora millonario agente de bienes raíces, ignorando las obvias diferencias. Hay, no obstante, otros puntos de encuentro.

El pasado martes 12 de junio, el presidente galo estuvo en el ojo de la tormenta al declarar que las ayudas sociales cuestan un “pognon de dingue” (un dinero de locos, en un lenguaje coloquial que hizo ruido entre los más eruditos) y no resuelven el problema de la pobreza. La afirmación fue compartida a través de un video publicado en Twitter por su directora de comunicación, Sibeth Ndiaye.

Emmanuel Macron se explayó en su idea “ponemos demasiado dinero, quitamos responsabilidades y estamos en las curativas (…), los pobres siguen siendo pobres”. “Quiero repensar todo el sistema de cuidados (salud)”, agregó.

Desde el comienzo de su presidencia, Macron ha reducido la asistencia social y concentra su energía en facilitarle la existencia a los empresarios, particularmente a los emprendedores, algo que la oposición interpreta como un claro signo de “neoliberalismo”.

La diputada por el partido socialista Valérie Rabault respondió duramente al mandatario. “La seguridad social (…) es el modelo francés. Cuando uno es presidente, se debe hacer todo por protegerla”. En esta misma línea se expresó Olivier Faure, secretario de ese partido (no sin caer en viejas cantaletas de panfletos amarillentos) y aseguró que Macron cae en “el cliché de que los pobres no hacen esfuerzos (…) a fin de promover políticas liberales”.

Los hechos distan bastante de esta interpretación pesimista de la actual realidad francesa. Por primera vez desde 2009, el seguro de paro no está en números rojos y el desempleo (una de las principales problemáticas de Francia) observó un descenso en el primer trimestre de 2018.

Mediapart, uno de los medios más populares y vanguardistas del país galo que ha ganado mucho respeto por sus investigaciones, estima que Macron con su nuevo código de trabajo va “en contra de los poderes sindicales” y consolida “el poder patronal”. Explica que el mandatario facilitará la “precariedad en los contratos laborales”. Lo acusa, asimismo, de pretender la privatización de los servicios públicos y llega incluso a afirmar que “sin servicios públicos, no existe la república”.

En América Latina tenemos innegable experiencia en este tipo de discursos, esos que apelan a la emoción, a voz quebrada; esos que hablan al “pueblo” y usan, de manera devastadora, el término “justicia”, jugando siempre con las esperanzas y necesidades de gente a la que ya no le queda nada.

Puede que Macron tome medidas liberales, pero dista de ser un liberal. Al menos en el resto del mundo. En Francia, Macron es lo más liberal que los franceses están dispuestos a votar, y eso es ya un avance, un despertar – vale subrayar que Macron venció al candidato del socialismo que prometía un ingreso universal sin condiciones (apoyado por ese enemigo del sentido común llamado Thomas Piketty).

El mundo lentamente está rompiendo las cadenas del Estado benefactor. No sucederá rápidamente: será un proceso lento y rico en altibajos, en agravios y en difamaciones. Por ahora, debemos contentarnos con líderes que, de vez en cuando, digan alguna verdad… como por ejemplo que las ayudas sociales no sacan a la gente de la pobreza.

Fuente: Panampost

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