31 AGO, 12:00 AM |JOSÉ LUIS TAVERAS

Otra vez, a Jean Alain

Hace unos meses me dirigí a ti a través de un artículo titulado “A Jean Alain, sinceramente” publicado en el diario digital Acento. Me llamaste francamente conmovido por su contenido. Te escuché con respeto. Agradecí el gesto y te ofrecí mi desprendido auxilio; lo sigues teniendo. Desde entonces hasta este momento el cuadro ha cambiado y lo que eran conjeturas son hechos consumados. De manera que al sol de hoy puedo construir algunas conclusiones, las que desvestiré sin reparar en tus juicios ni valoraciones. Te juzgo como funcionario; nada personal. Espero que me entiendas aunque no me comprendas. Igual, lo siento.

En aquella ocasión apelé al hombre; hoy le escribo al político. La razón de interpelarte en esa condición es una de mis primeras conclusiones: en tus titubeos, mi amigo, venció el político. La agenda del poder en el caso Odebrecht se te impuso soberanamente y yo que te presumí primer actor hoy te veo como un intérprete secundario de un guión prestado. Lo lamento, Jean Alain, pero te retiro el favor de la duda. La trama se ha revelado muy palmariamente para seguir alimentando ociosas ingenuidades. Y no creas que yo estaba ajeno a esa urdimbre, solo esperaba por tus decisiones para saber hasta dónde llegaba tu entereza. Apenas confirmo que mi pedido estaba muy alto para la estatura de tu compromiso.

Lo más meritorio que has hecho ha sido sacar a Odebrecht del camino a través de un acuerdo generoso pendiente de cumplimiento. Ignoro si Odebrecht se siente descargada con la entrega de las delaciones premiadas de Brasil. Tampoco sé si de tu despacho han salido requerimientos en ese sentido. Y es que tus ruedas de prensa estaban pautadas hasta las medidas de coerción como piezas de su estridente espectacularidad. La estrategia oficial propone poner en hibernación el caso hasta su dilución con la gracia del tiempo, a menos que el calendario electoral envíe nuevos avisos. Por favor, demuéstrame lo contrario.

Sustanciar un expediente de ese calado supone la puesta en marcha de una compleja y rigurosa investigación internacional con una voluntad de titanio, un arrojo viril, un empeño extenuante y un equipo que tú no tienes ni quieres tener. Brasil no figura en tus planes ni para darte un bronceado en Ipanema; en la Procuraduría no se escucha ni un bostezo con aliento a Odebrecht. El lado más oscuro del plan es presentar una acusación quebradiza para que en la Justicia se desmorone lentamente; eso es sádico mi amigo y me resisto a aceptarlo. Créeme que no espero nada distinto de tu gobierno, sobretodo cuando en el Palacio se le tome el pulso al ambiente electoral ¡Qué pena que te preste a eso!

A veces me pregunto: ¿y es que nos creen tan imbéciles? Tu gobierno, Jean Alain, ha pretendido arropar el caso Odebrecht con el motivo más sencillo y barato: el de los sobornos, cuando es un hecho inequívoco que las implicaciones más hondas y complejas han sido justamente las más esquivadas. ¿Cuáles? Tú las conoces: las sobrevaluaciones de las obras y el financiamiento irregular de las campañas de Danilo Medina. Ese es el núcleo duro del caso, pero también el gran tabú; temas vedados y manejados como información clasificada en los despachos de la intimidad presidencial. Me aventuro a suponer, sin pecar de osado, que te tienen ahí por y para eso: el plan es que no asomen ni se toquen y, si salen, pulverizarlos. ¿Acaso fue un nimio olvido que en el famoso acuerdo que exculpó a Odebrecht no se incluyeran responsabilidades y ni resarcimientos por las sobrevaluaciones? ¿Es fortuito que las pocas veces que la prensa te ha cuestionado sobre el espinoso financiamiento de las campañas del presidente te hayas turbado? ¿Acaso crees que es gracioso decir que ese tema es de naturaleza electoral? No, mi amigo, el país necesita una respuesta clara, seria, responsable, decidida y concluyente de su procurador. Parece mentira que la Procuraduría no haya revelado ni siquiera la intención para ocuparse de los aspectos vertebrales de la trama. Esta es la hora que no se sabe en qué posición está el Estado con Odebrecht. Pero, como no lo ignoras, te recuerdo que esta no es la sociedad rural, arrimada ni refrenada de viejos tiempos; hay gente pensando críticamente. Respétate y respétanos, amigo.

Escucha: en tu despacho hay una denuncia de cuatro organizaciones serias de la sociedad civil pidiendo atención sobre el financiamiento por parte de Odebrecht de las campañas de Danilo Medina; el mejor favor que puedes hacerle al país es no tocarla. Déjala dormir. En tus manos es pan comido. Si sigues como procurador hasta las elecciones del 2020, te aseguro que harás con esa denuncia dos cosas: la rechazarás declarando tu incompetencia por tratarse de un asunto electoral o la asumirás para festinarla en una investigación aparentada que limpie a tu presidente de toda tacha. Ese estigma no ayuda a una reelección auspiciosa, pero cargarás con la infamia.

Si crees que has sacado algún capital político del caso Odebrecht estás equivocado. No has hecho nada meritorio para obtener buenas notas. Los únicos que te embrujan con esas fantasías son los funcionarios del palacio. Si hubieses actuado en la línea de tus principios, nadie sabe dónde estaría. Pocos están convencidos de que no eres una pieza menuda en ese tinglado de impunidad. De manera que los sueños o las promesas con la vicepresidencia de la República o la senaduría del Distrito Nacional a costa de tu pálido desempeño en esta farsa es un pillaje. Trata de verte en el espejo de otros que con más historia política han anidado añejas ambiciones presidenciales y no han llegado más que a un ministerio; otros son bagazos ajados. Te aseguro que si renuncias y hablas francamente sobre las apretadas mordazas a tu libertad e independencia como funcionario, tu estima política será imbatible. Ganarás más afuera que adentro. ¡Hazlo!

Sé que tú y tu familia le deben lealtad al Presidente. La ingratitud, mi amigo, es una virtud escasa cuando no se tiene el arrojo de decir que no. Es preciso tener una razón muy digna para obrar en contra de nuestros acreedores morales, pero la política se trata de eso: de decidir inteligente y oportunamente por las conveniencias. Y si le preguntas a cualquier asesor inteligente, te dirá que tu momento es este y tu futuro del lado de la verdad. Solo falta el valor para hacer lo correcto o renunciar cuando no podemos obrar por la fuerza de nuestras convicciones.

Con afecto personal, José Luis Taveras.

 

fuente Diario Libre.

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