RIESGOS DE LA INVERSION Y EL FINANCIAMIENTO TURISTICOS
Por Juan Llado — Especial para Somospueblo.com
Sorprenderá saber que no existe una industria turística nacional propiamente dicha. Puesto que la inversión extranjera en el sector alcanza aproximadamente US$5.5 billones y que un 95% de las habitaciones hoteleras de clase mundial son propiedad extranjera, lo que tenemos es una industria turística internacional. Una cosa y la otra son de gran beneficio para el país, pero para algunos una mayor participación nacional en las inversiones sería más deseable. No esta tan claro si el financiamiento que hace la banca local a los proyectos extranjeros es igualmente deseable.
Según el Consejo Mundial de Viajes y Turismo (WTTC, en inglés), la inversión total estimada en viajes y turismo en el país asciende a US$6,600 y las perspectivas son que aumente 6,3% en 2017 y un 4,6% anual en los próximos diez años (https://www.wttc.org/-/media/files/reports/economic-impact-research/countries-2017/dominicanrepublic2017.pdf). Según el Banco Central, en el 2016 la inversión extranjera en turismo fue la más alta de todos los sectores económicos, alcanzando los US$790 millonegs de un total de US$2,469. Razones hay, entonces, para ver con optimismo el futuro crecimiento del sector, aun cuando, en general, los flujos turísticos se caracterizan por una gran volatilidad.
Es de lamentarse, sin embargo, que la inversión de empresarios nacionales en el sector ha venido declinando en las últimas dos décadas. Ya ni siquiera en la Costa Norte predominan, como era el caso al despegar la industria en esa región en los ochenta. Su protagonismo se ha reducido sustancialmente porque nuestros empresarios no tienen las gigantescas capacidades de mercadeo que tienen, por estar muchos de ellos verticalmente integrados, los conglomerados turísticos extranjeros. Eso se comprende cuando se conoce que una cadena como la Barceló tiene cientos de hoteles en decenas de países (incluyendo 9 aquí, 2 en Cuba, 15 en Cancún), además de poseer y operar cruceros, líneas aéreas, agencias de viajes y turoperadores.
Sin embargo, hay una forma para que los inversores nacionales puedan participar con mayor inversión sin tener que correr riesgos directos. Esta sería la de invertir en el accionariado de las empresas extranjeras que tienen presencia en el país, y más particularmente en las cadenas hoteleras que cotizan en bolsas públicas en Europa y/o Norteamérica. Pero esa inversión no sería atractiva para los nacionales por los relativamente bajos rendimientos que comporta. Los empresarios nacionales preferirán invertir localmente en otros sectores que ofrecen un retorno mucho más atractivo, verbigracia el comercio. De manera que las perspectivas son que los extranjeros sigan –por mucho tiempo- dominando la propiedad de las cadenas y otras empresas turísticas en el país.
Ahora bien, esa perspectiva es alentadora para los intereses nacionales. Mientras los extranjeros inviertan en la propiedad de los hoteles y en otras operaciones turísticas estarán obligados a usar sus maquinarias de mercadeo para rentabilizar esas inversiones. Eso le asegura al país el mantenimiento de los beneficios del sector relativos a las divisas y el empleo que buscamos de esa actividad. Pero si bien los riesgos para el país son muchos menores cuando la propiedad de los establecimientos hoteleros es extranjera, es también cierto que los beneficios pudieran ser mayores porque la propiedad genera una renta directa neta de la operación que actualmente es repatriada a los países de origen de los propietarios. Y en esos beneficios los inversores ni siquiera pagan impuestos locales.
Esto último es irrelevante en vista de que los empresarios nacionales, como ya hemos visto, no pueden competir con las cadenas hoteleras internacionales. Aun si tuvieran el know-how y quisieran competir, los recursos para tener conglomerados verticalmente integrados no estarían al alcance del grueso de nuestros empresarios. Por eso quien escribe es de opinión que la mayor conveniencia para el país reside en que los extranjeros se mantengan como dueños de la propiedad de los bienes tangibles. Por razones equivocadas, Cuba ha optado por un modelo en que el Estado es el propietario de los hoteles y las empresas extranjeras solo los administran, lo cual exige poca inversión. Eventualmente Cuba vera la conveniencia no solo de que mediante la propiedad los extranjeros garanticen el flujo turístico, sino que de su presencia se derive otros beneficios intangibles como son los del efecto demostración en renglones atinentes a la propiedad.
¿Cómo evaluaríamos entonces el financiamiento bancario local a los proyectos de los inversores extranjeros? Al no ser nacional la propiedad de los establecimientos, el país no captaría la renta derivada de la operación, aunque si las divisas y el empleo derivados. De hecho el país aumenta su nivel de riesgo al suministrar el financiamiento porque cualquier colapso de la operación puede traducirse en cesación de pagos a los bancos que proveyeron el crédito.
Las gráficas siguientes ilustran el hecho de que el financiamiento bancario del sector turístico ha ido creciendo sostenidamente en los últimos diez años, sobrepasando por mucho el crecimiento en otros sectores de la economía. También queda claro que el sector turístico es “mimado” por la banca local con tasas de interés muy por debajo de lo que le cobran a otros sectores. No se dispone de información acerca de la proporción promedio de la inversión que representa el financiamiento en los proyectos, pero aun cuando este signifique solo un 20% del costo total de inversión, el aporte financiero puede significar decenas de millones de dólares.

 

Son varios los factores que explican la formidable incursión de nuestros bancos nacionales en nuestro sector turístico. Esa incursión comenzó a crecer significativamente con la crisis financiera mundial porque los bancos europeos y norteamericanos experimentaron un impase crediticio. El hecho de que los clientes extranjeros son generalmente muy solventes y ofrecen colaterales muy sólidos resulta un factor muy estimulante. También por el hecho de que el desempeño de la industria ha sido muy bueno y constante, amén de que las perspectivas se vislumbran halagüeñas. Pero los entendidos vaticinan que la participación nacional en los financiamientos de las inversiones extranjeras en turismo irán decayendo a medida que se restablezca el crédito en sus países de origen. Esto asi porque las tasas de interés locales serian menos atractivas.

Los riesgos para el país de que la banca nuestra incursione en el sector turístico no parecen demasiado altos por lo apuntado más arriba. La preferencia de los bancos por el sector es entendible por la seguridad que ofrece, aun cuando las tasas sean mucho más bajas que las que imperan para préstamos locales en pesos. La gran desventaja entonces reside en el hecho de que esos financiamientos le restan liquidez a la banca para ofrecer recursos a los otros sectores de la economía. Si nuestra economía estuviera dolarizada esa desventaja no existiría. Ya es tiempo de que veamos que la dolarización tiene mas ventajas que desventajas.

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