Es muy simplista señalar algunos focos de violencia como subversión, someter a la Ley a quien o quienes la cometen, sin ir a la raíz de tales hechos. La violencia nunca surge porque sí, sin razón aparente o porque dos planetas hayan colisionado. Inclusive en la violencia patológica hay un génesis y un evento desencadenante posterior. En el punto que quiero indicar, me refiero a los focos de violencia social, inclusive, al que comete ciertos actos de delincuencia común, como aquel que roba la cartera a una chica que camina por la calle, o el que arrebata un celular.

Naturalmente, no niego que tales hechos están reñidos con la Ley y la paz pública. Sin embargo, hay una violencia nada sutil, muy pocas veces reconocida como tal, y que es el andamio de toda suerte de actos que son violencia también, incluyendo los ejemplos anteriores. Es una situación tan generalizada y común que se asume como “normal” y hasta se espera que ocurra. Es la violencia aceptada por muchos como una realidad natural: la pobreza.

De la pobreza surge una cantidad de contextos que también son violencia –de la violencia solo puede esperarse más violencia, salvo contadas excepciones–: falta de oportunidades, falta de recursos materiales para poder acceder a servicios básicos, como agua, luz, recogida de basura; Falta de acceso a servicios de salud, falta de educación, falta de opciones para desarrollar un plan personal de vida. Todo lo anterior está asumido como normal, no solo en mi país, Republica Dominicana, sino en todo el mundo. La pobreza no debe ser porque simple y sencillamente hay suficientes recursos para todos. Y cada vez que alguien dice: esto pasa en todo el mundo, es normal, los pobres nunca acabaran, ese alguien está alienado.

Los grupos de poder esperan que usted piense así, precisamente así. Han trabajado para ello, han educado para que usted asuma la pobreza sin revelarse contra ella. De esta forma, el pobre se conforma con su realidad y el que no lo es asume una actitud pasiva, matizada por algunos momentos de solidaridad y empatía. Favor notar que hablo de pobreza material, no de pobreza mental.
De la realidad antes descrita obtenemos una cantidad generosa de violencia que la Ley pretende castigar y “corregir” por medio de sus instrumentos. Es algo verdaderamente irónico y peculiarmente estúpido, pero así es “el sistema”: castiga a aquellos que engendró. Inclusive, en el más estúpido de los escenarios, se recrudecen las medidas punitivas con el fin de dar ejemplos a la sociedad. El sistema da un ejemplo mientras fabrica más y más delincuentes.

Todo lo anterior, repito, se da con la complicidad de una sociedad perfectamente alienada. Educada para pensar y actuar de acuerdo a los intereses de los poderosos. Le invito, humildemente, a reflexionar sobre esta realidad. ¿Qué puede haber de natural en que una persona desayune y no sepa si comerá o cenará? ¿Qué puede haber de natural en que un niño de 8 años de edad limpie zapatos en una esquina de cualquier avenida de la ciudad, para llevar dinero a su familia y así ayudar con la precaria realidad que viven? Tantas cosas que muchas personas disfrutan –me incluyo– y que dan por sentadas y sin embargo son un milagro o una especia de sueño hecho realidad para adultos y niños pobres de nuestro país, y el mundo.

Cierro con lo siguiente: todavía hay personas damnificadas por el ciclón David, ocurrido en el 1979. Un niño a quien se le preguntó sobre cuál sería su sueño, respondió: -poder dormir en una cama para mí solo-. Esto no es fábula ni invento mío, esto ocurrió tal cual.

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