Por Robert Mateo
El atractivo del Super Bowl LV va más allá del duelo entre Seattle Seahawks y New England Patriots en el Levi’s Stadium de Santa Clara, California. Aunque el enfrentamiento deportivo promete emociones al máximo, este año un elemento cultural —el show de medio tiempo encabezado por Bad Bunny— ha capturado tanta atención como cualquier jugada dentro del campo. Su elección como artista principal no solo rompe barreras de idioma y género musical, sino que representa un hito en la historia del espectáculo más visto de la NFL, ampliando la conversación hacia la presencia y el impacto de las comunidades latinas en Estados Unidos y en el espectáculo global.
En un espacio organizado por ESPN Deportes, representantes de países latinoamericanos se unieron al equipo de cobertura de la NFL en español —Lalo Varela, Pablo Viruega, Ciro Procuna, John Sutcliffe y Kary Correa— para analizar el momento que vive el fútbol americano y su convergencia con la cultura contemporánea. La conversación fluyó entre lo técnico y lo simbólico, dejando claro que este Super Bowl no se mide únicamente en yardas ni en estrategias.
Desde el plano táctico, los analistas consideran que Josh McDaniels tendrá un papel determinante en las llamadas ofensivas contra la defensa de los Seahawks. La expectativa gira en torno a una ofensiva de pases rápidos que pueda abrir espacios y facilitar el desarrollo del juego de Drake Maye, en un planteamiento que rompa con la solidez defensiva rival. La idea de establecer el juego terrestre sigue siendo un factor clave, no solo para equilibrar la ofensiva sino para dar consistencia a la línea ofensiva y al ritmo del partido.
Pero si el análisis cerraba puertas a lo previsiblemente deportivo, el debate se abrió por completo al hablar del espectáculo de medio tiempo y su significado cultural. La presencia de Bad Bunny en ese escenario se percibe como algo más que un show musical: es una declaración sobre la magnitud del público hispano en Estados Unidos y una invitación de la liga a reconectar con una generación más joven y diversa.
Para John Sutcliffe, la decisión de la NFL de colocar a un artista latino de primera magnitud en el centro del espectáculo responde al crecimiento demográfico y cultural de los hispanos dentro del país, y se sustenta en métricas de audiencia y relevancia global. Kary Correa profundizó en ese enfoque, subrayando que la liga busca conectar con un público joven y latino cuya presencia y consumo cultural han crecido exponencialmente, convirtiendo a Bad Bunny en una voz representativa con un mensaje capaz de trascender lo deportivo.
Pablo Viruega aportó una reflexión más íntima sobre la experiencia de ser latino en Estados Unidos: la elección de Bad Bunny no solo celebra la diversidad, sino que visibiliza una comunidad cuyo alcance cultural y social se ha vuelto imposible de ignorar en un evento de tal magnitud.
Este Super Bowl, entonces, se escribe también en clave cultural. El desafío entre Seahawks y Patriots será acompañado por un espectáculo que trasciende el idioma y abraza la identidad de millones, consolidando una presencia latina que reclama su lugar en el centro del entretenimiento global. Mientras los equipos luchan por el trofeo en el emparrillado, Bad Bunny convertirá el medio tiempo en una declaración de identidad y pertenencia, marcando una nueva era para el evento más mediático del deporte.



