Pocos países han sido saqueados sistemáticamente como lo fue la República Dominicana en los 16 años del PLD. Lo que puede ser denominado como la “era de la corrupción”, encabezada por Leonel Fernández y Danilo Medina, marcaron la transición hacia un país en la cual el desfalco al erario se convirtió en la principal política de estado. Las instituciones públicas fueron ocupadas con el principal objetivo de ordeñar el presupuesto nacional hasta la última gota, sin pensar en los fines para los que fueron concebidas. La administración pública giró alrededor de la corrupción.

A casi nueve meses de la nueva administración, ningún ministro o director ha llevado a la justicia o a la prensa casos concretos, con nombres y apellidos, o con empresas identificadas, la corrupción que encontraron en sus carteras. Todos dijeron que encontraron sus instituciones quebradas, pero ninguno ha dicho cómo estas llegaron a la bancarrota.
José Ignacio Paliza, por ejemplo, denunció que había “un desastre” en el Ministerio Administrativo de la Presidencia.

Sin embargo, no ha hecho una denuncia concreta de un solo caso, identificando los culpables del “desastre» que recibió. De hecho, reveló en una entrevista con Edith Febles que a casi diez meses de haber tomado posesión, no se ha hecho una sola auditoría a su ministerio, a pesar del rumor público de que a través de esta institución se desviaron miles de millones de pesos de las “visitas sorpresa” y los “programas especiales” de la presidencia. Por las acciones de Paliza pudiéramos pensar que José Ramón Peralta, el zar del ajo, fue uno de los funcionarios más serios que tuvimos.

Lo mismo ha pasado en las instituciones que ejecutan construcciones públicas. A casi diez meses, el Ministro de Obras Públicas Deligne Asención no ha develado un sólo caso de manipulación de procesos de compras, pagos de sobornos y porcentajes de cubicaciones, ni de empresas vinculadas a funcionarios que acapararon las construcciones del estado. Delgine no ha dicho nada, no ha hecho pública ninguna auditoría, no ha identificado ningún entramado mafioso, ni ha visto ningún amarre hecho en la escandalosa gestión de Gonzalo Castillo. Por las acciones del actual ministro, pudiéramos decir que Gonzalo ha sido el funcionario más serio del país.

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