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sábado, junio 20, 2026

El alto precio que pagó Haití por reocupación

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Porfirio De Jesús López Nieto
Cápsula Editorial, 19 de junio de 2026

Hay cifras que no se leen con la frialdad del archivo, sino con el peso del corazón. Entre 1844 y 1856, los partes oficiales militares de la República Dominicana que recogió José Gabriel García reportaron no menos de 3.800 soldados haitianos caídos en Azua, La Estrelleta, El Número, Las Carreras, Beler y Sabana Larga, frente a apenas medio centenar de dominicanos. La asimetría estremece.

Quien suscribe analizó todos los partes militares de la guerra de separación o independencia y extrajo todas las cifras de la guerra. Descontando los errores y las ausencias en los relatos, el saldo para los haitianos fue trágico y catastrófico. Estimamos que al menos el 85% del ejército haitiano fue masacrado por los combatientes dominicanos.

El general Duvergé describió en Las Matas «la pestilencia insoportable por dondequiera»; el general Imbert vio el camino de la retirada enemiga convertido en «un vasto cementerio»; y en Sabana Larga, los muertos enemigos, escribió Alfau, «no era posible contarlos todos».

La lección es serena y firme: ningún ejército, por numeroso que sea, doblega la voluntad de un pueblo que ha decidido ser libre. La República Dominicana no nació del odio, sino de la legítima defensa. Quiso vivir en paz y tuvo que aprender a vencer. Ese fue el caro precio que cobró la libertad y el alto precio que pagó Haití, que se empeñó en negárnosla.

Honremos a nuestros fundadores sin ensañarnos con los haitianos caídos. La historia no se escribe para alimentar rencores, sino para que nunca más la sangre sea la moneda con la que se pagan las ambiciones de unos pocos haitianos salvajes.

Ahora bien, debemos dejarles claro a los haitianos de hoy, a los Organismos Internacionales y a los países injerencistas pro-haitianos que, si se equivocan de nuevo, la reacción del pueblo dominicano será aún más contundente y aplastante.

No obstante, a esta sombría advertencia, albergamos la esperanza de que esa nefasta guerra dominico-haitiana no se repita. ¡Dios, Patria y Libertad!

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