Lo que pasó con el PTD es ejemplo del irrespeto mercenario, ya registrado por los “izquierdistas” que le vendieron su “alma al diablo”, algunos a cambio de altas investiduras o negocios para acumular fortunas.

El adquiriente del PTD repitió su práctica en PLD, que también hace Danilo Medina con “partidos emergentes”, aplicando su máxima de que donde hay quien se vende hay quien compra.

El irrespeto mercenario llegó al extremo con la blasfemia de cantar el himno del “14 de Junio”.

A la distancia de la memoria, vendedores y compradores de la transacción con el PTD convulsionaron las tumbas de los mártires de la Raza Inmortal, de la clandestinidad, de La 40, la calle Espaillat, las manaclas, la guerra de Abril y siguientes jornadas gloriosas.

El irrespeto mercenario con el PTD quedará grabado históricamente como el Pacto Patriótico entre Leonel y Balaguer, reivindicado en su discurso por Leonel.

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