Cotuí | La comunicadora Grace Reyes denunció el estado de abandono y la parálisis económica que actualmente afecta a la Presa de Hatillo, principal destino ecoturístico de la zona. Se informó que el ambiente festivo de los fines de semana ha sido sustituido por un silencio sepulcrel, sin bañistas, música ni visitantes. Se alega que la ausencia de personas no es casual, sino que responde a un profundo temor colectivo por el estado del agua. Se presume que la desconfianza sobre la calidad del recurso hídrico ha detenido por completo la dinámica social y comercial de este importante pulmón dominicano.
El impacto económico de esta situación ha golpeado directamente a los sectores más vulnerables que dependen del turismo local en la provincia Sánchez Ramírez. Se informó que los restaurantes lucen vacíos y que los escasos clientes evitan consumir pescado, producto emblemático de la gastronomía de Hatillo. Se alega que las tradicionales vendedoras y los pescadores han desaparecido del entorno ante la supuesta escasez de tilapias y la falta de demanda. Se presume que cientos de familias que vivían de la pesca y la venta de alimentos se encuentran hoy en un estado de total incertidumbre financiera.
La denuncia resalta un cambio drástico en la apariencia del agua, lo que ha generado que los propietarios de jetskis mantengan sus equipos guardados en las fincas. Se informó que la comunidad exige respuestas claras y estudios públicos que determinen qué está pasando realmente con el embalse más grande de las Antillas. Se alega que la falta de información oficial está alimentando el miedo y alejando a los visitantes que antes consideraban este lugar como su primera opción. Se presume que la tranquilidad de Cotuí está siendo vulnerada por la falta de acciones visibles que devuelvan la seguridad a los ciudadanos.
Finalmente, Reyes hizo un llamado urgente a las autoridades ambientales para que intervengan y rescaten la esperanza económica de las familias afectadas por esta crisis. Se informó que la Presa de Hatillo no es solo un paisaje afectado, sino el sustento de una comunidad completa que hoy se siente olvidada. Se alega que mientras no existan garantías de salubridad, el emblemático destino seguirá operando como un espacio evitado por la población. Se presume que la recuperación de la confianza es el único camino para que las risas y la actividad económica regresen a las orillas del Yuna.




