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miércoles, abril 8, 2026

La Partida

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Por Martha Miniño

Marchan las almas, empiezan a descender, otras a volar, unas se miran al pasar, otras solo miran adelante, llegan solas, llegan juntas, muchas se encuentran, tal vez recuerdan vidas pasadas, tal vez viven por primera vez y ansían volver la tierra a recorrer vidas otra vez. Siguen juntas, caminando, volando, no saben a donde van, todas juntas, unas solas, otras acompañadas, en lenta y muda procesión, llegan al punto, allí empiezan a concentrarse, se miran muchas sin comprender, las más viejas, unas se sonríen, otras serias y adustas, saben que solo les espera el final, el destino que todas han escogido compartir.

Y allí en espera de su hora empiezan a recibir otras más almas, tan viejas o tan jóvenes como ellas, en silencio, sin mediar palabras. Todas están de acuerdo, ha llegado la hora y es su punto de partida. Para ellas el tiempo no pasa, es perenne, no lo sienten, dejan que los infinitos se toquen en los puntos que el universo les confirió y esperan poder partir.

Y mientras, en la vida del hombre, la vida se acelera, todos quieren algo, todos quieren lo mismo. Todos se apresuran, todos corren a su punto sin saber que es la hora y el punto de partida. La rueda de la vida sigue girando, los engranajes son perfectos y nada queda al azar. Una excusa, un inconveniente a destiempo, un desvío, algo inesperado, tu alma no estará en ese grupo, no pertenece, te tienes que devolver, no es tu punto de partida, tampoco es tiempo de decir adiós.

Todo encaja, todo concuerda, solo las almas que esperan silenciosas, como si en el aire flotasen, esperan. Cada cuerpo que habitan ha llegado, su lugar de destino ha tomado. Los segundos caen, los granos de arena del reloj que la dama de la guadaña guarda han empezado a cortar el tiempo. Las hilanderas del pasado sus hilos han dejado caer, los cordones de plata empiezan a perderse, muchos nunca supieron que ese tercer ojo nunca abrió.

Como explosión nuclear, sin estallidos, solo el golpe de luz que nadie ve, las almas que una vez habían descendido y esperaban en la tierra, van rompiendo sus cadenas y salen ligeras al cosmos. Otras, todavía aferradas, luchan con la dama que trata de romper esas invisibles ataduras que el karma ha escrito en sus frentes y que debe de cumplirse, el dolor y el miedo poco a poco se pierden, pueden salir a juntarse con las demás.

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