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martes, marzo 3, 2026

Licencia para m…

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Los 27 de febrero de cada año constituyen la mejor oportunidad para los presidentes de turno mentirle al país. No es algo de ahora, sino que viene por décadas hasta el punto de que la oposición (no importa el color) utiliza la misma frase a las afueras del Congreso para criticar la alocución: “Pero el Presidente fue de Suiza que habló”.

Ya se estila que como parte de esta licencia para faltar a la verdad ante la Asamblea Nacional se profieran discursos con cifras maquilladas, haciéndolas pasar como datos que “evidencian” una mejora en la calidad de vida de un alto porcentaje de la población, cuando son solo números que los propios ministros y directores de instituciones envían para poder salvar su propio pellejo ante una posible aplanadora que vuele algunas cabezas del tren gubernamental.

Y es que algo se debe decir, aunque sea mentiras o medias verdades, información de ejecutorias de años anteriores e incluso unas que se sueñan por venir. Todo es válido para rellenar actos que cada vez se extienden más de mandatarios a mandatarios llegando a copar hasta cerca de tres horas de palabrería, como si en verdad han hecho tanto.

En versiones anteriores de nuestra Constitución, modificada en cuarenta ocasiones desde la fundación de la República, se establecía solo la entrega de las memorias del jefe de Estado, acompañadas de un mensaje dirigido a la Asamblea Nacional, para pasar en la actualidad a ser todo un discurso político, que en algunos casos ha tenido hasta sus matices reeleccionistas.

En esta nueva edición de la fábula perremeísta, el Presidente Luis Abinader ya sí pudo hablar de la puesta en funcionamiento de la línea 2C del metro de Santo Domingo, aunque todavía en fase de prueba con un tedioso cambio de vagones entre los pasajeros en las estaciones 27 de Febrero y María Montez, un pequeño detalle que no mencionó el Jefe de Estado.

Una vez más solo se limitó a decir que “pronto” estará listo el monorriel de Santiago, una obra iniciada en marzo de 2022, hace ya cuatro años, y cuya construcción todavía sigue generando caos en la Ciudad Corazón afeando y entorpeciendo la zona de acceso al monumento a los Héroes de la Restauración.

Pero las distorsiones no pararon ahí. El programa Meta 2036 que plantea el actual Gobierno es simplemente una postergación de los objetivos que como país consensuó toda la clase política nacional en un proceso de consulta que inició hace 20 años y que concluyó con la ley 1-12 sobre Estrategia Nacional de Desarrollo, la cual establece un paso a paso de las ejecutorias y metas en el corto y mediano plazo hasta lograr “un Estado social y democrático de derecho, una economía sostenible y competitiva, cohesión social, y una gestión sostenible del medio ambiente”.

Ahora para ser más gracioso, y después de cinco años obviando un plan de nación, el mandatario propone esta iniciativa haciendo creer que trabajamos con una visión de futuro, que estaba establecido para cumplirse seis años antes.

Si bien es cierto que en cuanto a forma el sistema educativo dominicano muestra mejoras, el fondo sigue siendo deprimente. Teniendo ahora transporte escolar, más de 3 mil nuevos profesores, la integración de la cátedra de moral y cívica, más de 4 mil nuevas aulas, ¿la pregunta obligada es qué pasa con el fondo? ¿Cuándo nuestros profesores volverán a ser maestros? ¿Cuándo nuestros estudiantes van a dejar de ser evaluados por Pruebas Nacionales, de las cuales los profesores les dan las respuestas? ¿Cuándo nuestro país tendrá una mejor calificación internacional en el plano educativo?

Ya el problema no es el presupuesto. Es un tema de gestión de los recursos que ya existen en pos de mejorar el presente y construir un futuro promisorio acorde con el desarrollo económico de nuestra nación. Como bien dijo un asesino una vez, y con toda su razón: “Este es un país rico, pobremente administrado”, con diversos tipos de recursos, pero que son devorados por la avaricia desmedida que no encuentra en el Estado un control, sino más bien contubernio.

No se trata de constituirse en actor civil en el caso Senasa, Presidente. Esto es sobre dar un ejemplo y dejar la verborrea. Es de actuar, no solo contra la corrupción, ni contra el abandono de la educación, es trabajar para transformar, para innovar y construir una sociedad de la cual usted se sienta orgulloso por haberla mejorado.

Lo lamentable es que usted ya perdió cinco años y todavía no se ha dado cuenta.

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