Mauricio Báez, el más grande líder sindical que enfrentó a Trujillo

Mauricio Báez de los Santos nació en Palenque el 23 de septiembre de 1910 en el seno de una familia de campesinos y jornaleros. Desde muy joven, se trasladó a la zona azucarera del Este del país.

Se desempeñó como bodeguero en bateyes de colonias cercanas a San Pedro de Macorís. Fue allí donde se interesó en buscar la superación personal, lo que llevó a estudiar. Se trasladó a Macorís, donde encontró trabajo como marino, como se llamaba a una parte de los estibadores del puerto que cargaban los buques lejos del muelle.

Combinaba sus estudios con tareas periodísticas, donde comenzó a escribir artículos en diferentes medios, tal fue el caso de la publicación «Combate», la cuál era propiedad de su primo Antonio Báez. En sus escritos, primaba una línea de crítica y denuncias, sobre las malas condiciones de trabajo imperantes en la región oriental. Como la época de Trujillo era muy peligrosa, sus escritos eran conservadores y cuidadosos. Se vendía como afecto al régimen, como medida de protección y proclamaba a Rafael Leonidas Trujillo Molina como defensor de los trabajadores y procuraba mantener buenas relaciones con funcionarios provinciales, mientras iba dando forma a su sensibilidad ante los problemas de la clase trabajadora por medio de este ejercicio del periodismo. Estuvo vinculado con personas de pensamiento marxista como su amigo Víctor Ortíz.

Ya para 1939, la dictadura permitió la formación de «gremios obreros», terminología utilizada para describir las entidades que tenían como objetivo la ayuda mutua y la defensa de intereses del oficio.

Formó, junto a algunos de sus compañeros, el «Gremio de Marinos», el cual sirvió de base para la formación de sindicatos obreros en la Sultana del este.

En 1943 se fundaron las federaciones provinciales del trabajo, destinadas a agrupar a los gremios de cada demarcación provincial. Báez fue electo presidente de la federación macorisana. Consolidó un núcleo de dirigentes compuesto por Nicolás Mercedes, Justino José del Orbe, Teódulo Guerrero Montás, Víctor Conde, Providencia viuda Lugo y otros.

Hacia 1945 y como fruto de la inflación, se incrementó la agitación obrera. Esto llevo a Mauricio Báez a particiar en movimientos huelgarios las áreas urbana y en el sector azucarero. Estos movimientos fueron preparando el escenario para la gran huelga general azucarera, que se llevó a cabo en enero de 1946, en coordinación con la recién formada Federación Provincial de La Romana.  El día 7 de ese mes y para sorpresa de todos, los ingenios de la zona fueron paralizados por un contundente paro laboral.  El régimen de Trujillo, en su afán por desmontar este peligroso foco de disidencia, ya que entendía que era algo peligroso , optó por negociar y aceptó los reclamos, llegando en algunos casos, hasta a duplicar los salios existentes al momento.

No obstante a que el régimen cedió, e hizo lo indecible por sobornarlo, Trujillo no perdonó el liderazgo sindical de Báez y dispuso su asesinato, lo que llevó a sindicalista a exiliarse en cuba.

Báez era un hombre pobre y vivía muy modestamente como cualquier obrero, pero no obstante a esto, jamás acepto prebendas personales.

En Cuba, estableció contactos con prominentes líderes obreros. Utilizaba la radio cubana para denunciar al régimen de Trujillo y se identificó como miembro del Partido Democrático Revolucionario Dominicano (PDRD), que era la denominación del Partido Comunista creado en la clandestinidad casi tres años antes.

Luego de la huelga azucarera del 46 y preocupado por un posible aislamiento internacional, el régimen deTrujillo buscó un acuerdo con el Partido Socialista Popular de Cuba (comunista) para aparentar una apertura democrática consistente en la libre organización obrera y la tolerancia de entidades políticas de oposición. Se convino la creación de una confederación obrera en la que coexistirían trujillistas y comunistas. Como resultado del acuerdo logrado, regresaron al país varios exiliados del PDRD, entre ellos Báez. Aunque él tenía reservas sobre la pertinencia de ese acuerdo, lo acató por disciplina partidaria. A los pocos días de llegar los exilados, ya integrados con militantes que acababan de salir de la prisión, en agosto de 1946, se cambió el nombre al PDRD y se le denominó Partido Socialista Popular, al tiempo que se definió la organización como marxista-leninista y estalinista.

Como parte de la convocatoria de un congreso obrero para crear la Confederación de Trabajadores Dominicanos (CTD), una comisión realizó un recorrido por todo el país. Báez se distinguió por los discursos que pronunció en las manifestaciones de trabajadores. Su liderazgo alcanzó una dimensión nacional y en el Congreso Obrero, celebrado a mediados de septiembre, fue reconocido por los delegados como el líder indiscutible. Fue Báez quien orientó la tónica de las resoluciones principales, todas a favor de importantes reivindicaciones.

Sin embargo, en virtud de los acuerdos entre los comunistas y el régimen, no fue electo secretario general de la CTD, sino secretario de Organización, la segunda posición. Parece que este arreglo le generó malestar y optó por refugiarse en San Pedro de Macorís, dentro del ámbito de su base social. Allí fue hostigado por los servicios de seguridad estatal. Tenía el convencimiento de que resultaba imposible sostener la lucha legal, por lo que entró en conflicto con la orientación reinante entre los dirigentes del PSP.

Cuando se le estrechó el cerco, después que se lograron nuevas conquistas reivindicativas a fines de 1946, consideró que su vida peligraba. Tiempo atrás, había sido objeto de una golpiza a manera de advertencia. Optó por abandonar el país, en marzo de 1947, lo que valió la expulsión, en compañía de Dato Pagán, de las filas del PSP.

En su segundo exilio en Cuba, se vinculó de nuevo a los exiliados, pero esta vez en función de los preparativos expedicionarios que desembocaron en la formación del contingente de Cayo Confite, siendo parte de la tropa, compuesta por alrededor de mil cubanos, trescientos dominicanos y otros cientos nacionales de otros países.

Tras el fracaso del intento expedicionario, por presiones de Estados Unidos, Báez volvió a su labor de denuncia del régimen. No está claro cómo evolucionó ideológicamente. En realidad, nunca había sido un marxista en el sentido teórico. Pero sus compañeros de exilio afirman que siguió siendo un hombre de izquierdas, partidario del socialismo y fiel a su misión de campeón de la causa reivindicativa.

En sus alocuciones radiales se dedicó a detractar al tirano, lo que este no toleraba. Pudo ser esta una de las razones por la que ordenó su asesinato, ejecutado por gángsteres cubanos dirigidos por diplomáticos dominicanos. El 8 de diciembre de 1950 fue secuestrado por tres sujetos, aparentemente conocidos por él, quienes se presentaron en su casa de La Habana y nunca más se supo de él.

Bibliografía:  Cassá, Roberto: Mauricio Báez: líder del proletariado, Santo Domingo, Tobogán, 2003. : Movimiento obrero y lucha socialista en República Dominicana, Santo Domingo, Fundación cultural dominicana, 1990.: Historia social y económica de la República Dominicana: introducción a su estudio: manual para estudiantes de educación secundaria y universitaria preliminar, Vol. 2, Santo Domingo, Editora Alfa y Omega, 1981.}

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