Ya en la época colonial el imperio Francés demostró que la agricultura es una de las actividades económicas más rentables. Llegó a producir en lo que hoy es Haití el 40% del azúcar y el 60% del café que se consumía en toda Europa. Mientras España y Portugal se quedaron atrás, concentrados en buscar oro y plata.

Ningún país desarrollado puede decir que debe su desarrollo exclusivamente a la minería. Incluso las economías más sólidas del mundo están en países con escasos recursos naturales; Suiza, Japón, Holanda son un claro ejemplo. Mientras que países con abundancia de recursos minerales están estancados en el tercer mundo; muchos países de África y Latinoamérica somos un vivo ejemplo.

Ha quedado demostrado, a lo largo de la historia, que la agricultura y la industrialización son de los principales motores del desarrollo y estabilidad.

La República Dominicana es un país bendecido, tanto por sus recursos naturales, como por su ubicación geográfica. Podemos producir e industrializar para suplir grandes mercados en América y Europa.

Como isla que somos podemos aprovechar el transporte marítimo, que es el más económico. Tenemos abundantes tierras productivas y agua, pero usamos métodos rudimentarios, poco eficientes y competitivos.

Debemos fortalecer nuestra producción agrícola, con tecnologías apropiadas; y fomentar la agroindustria, para dar valor agregado a los productos de nuestra tierra. Esa si es una verdadera mina de oro, que no se agota ni usa cianuro.

Promover el desarrollo de una agricultura fuerte y competitiva es una de las más rentables inversiones que puede hacer un gobierno. Sobre todo en un país como el nuestro, con un potencial tan alto.

 

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