El fraude electoral que hemos temido para las elecciones del domingo está planeado para ejecutarse de la siguiente manera:

Cada elector consumirá entre 3 y 10 minutos desde su entrada hasta que termina de votar. Al llegar entrega su cédula,  la desinfectan, la revisan en el padrón, lo marcan y dan su número. Le entregan las tres boletas y el marcador. Se dirige a la urna. Marca la boleta presidencial (fácil), la dobla y la deposita en la urna. Luego marca la boleta senatorial (fácil), dobla y deposita. Luego escoge el diputado entre una amplia oferta y hace lo mismo (menos fácil). Después, le marcan el dedo con tinta, le regresan su cédula y sale del recinto para que entre el próximo votante. No hay manera de hacer eso en 3 minutos sin contar las dudas, la lentitud, las discrepancias en el padrón etc.

Si cada elector consume 3 minutos votarían 20 electores por hora y al final de 10 horas de votación solamente habría votado un máximo de 200 personas, apenas el 30% de los votantes registrados en promedio por mesa.

Pero, en la práctica sabemos que:

Las mesas siempre abren con tardanza por una razón o por la otra.

Ni los empleados ni los electores son rápidos, eficientes ni conocedores de las boletas ni de los procedimientos.

Cada discusión suscitada por cualquier motivo retrasará el ritmo de votación e impedirá que entre el próximo votante.

Si cada elector consume en promedio 5 minutos en lugar de 3 solamente 12 votantes por hora podrán ejercer el sufragio y la gente que acude a votar se cansará, se enojará, se impacientará y muchos se irán porque tienen otros compromisos. De ese modo, a razón de 12 votantes por hora, 120 en todo el día, el pueblo, hastiado será impedido de votar con una apariencia de legalidad. Y si cada votante consume 10 minutos, entonces estamos hablando de solamente 60 electores en esa mesa.  Es un fraude de pura aritmética así que no harían falta las truculencias militares, los desmayos, las falsas alarmas y otros incidentes provocados.

Los votantes pagados generosamente por el gobierno permanecerán  en las filas porque esperan los miles de pesos que les han prometido y que no los cobrarán hasta haber votado.  Mientras tanto y para asegurarse de que la gente común  no vote, la JCE violando la ley dispuso a última hora que solamente votarán los electores que quepan dentro de la media hora siguiente al cierre  de los colegios y no como dispone la ley que estipula que todos los que acudieron  a dicho colegio antes de la hora de cierre tienen el derecho de votar hasta que termine el último.

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