Vengo escuchando -desde hace meses- a algunos amigos, siempre muy bien orientados, decir que nadie invierte lo que ha invertido este gobierno, en un candidato tan malo como Gonzalo, para venir a perder el poder en unas elecciones limpias, sin ningún truco.

Después del fraude del 6 de octubre en las primarias abiertas del PLD, y del fiasco de las elecciones municipales suspendidas el 15 de febrero, el voto automatizado quedó finalmente descartado, lo que motivó a todos los que saben un poco de elecciones a pensar por dónde es que vendrán ahora las tramas mañosas del partido oficial.

Cuando todo parecía ser un enigma, cuando ya muchos incautos habían dejado de prestar atención, abrazando -en forma ilusa- la idea de que Palacio se iba a dejar “pasar el rodillo” el próximo domingo, la Junta Central Electoral emite una “inocente” -y hasta boba o inofensiva- Resolución, que apenas ha sido reseñada por nuestra prensa: la que ordena que los electores que estén en fila a la hora del cierre solo podrán votar hasta las 5:30 p.m.

Con esta decisión, esa Junta Central Electoral que tanto daño le ha hecho a nuestra democracia, no solo con su irresponsabilidad sino ya con su complicidad ostensibles en actos dolosos, se revela ahora en el centro de una clara conspiración que explica -por sí sola- la antes inexplicable seguridad del Jefe del Estado en la “victoria” de su candidato, y su afán por desacreditar las encuestas, en una frase lapidaria: “… vayan y voten, que del resto nos encargamos Gonzalo y yo”.

Ahora resulta que ese “resto” del que se encargarían el Presidente -y su candidato- se revela muy claro: en un principio, el Gobierno y el PLD jugaron la carta del miedo, consistente en ahuyentar a la ciudadanía para que no vaya a votar, contando con el voto duro de  los empleados públicos. Ante la ira y el desafío de una población que está harta del PLD, y a partir del tiempo adicional que habrá de consumir un proceso electoral con un protocolo sanitario propio de la pandemia, que incluye la desinfección de las manos de cada elector, de cada cédula, de cada marcador, etc.; UNA Y OTRA VEZ, Y PERMITIENDO LA ENTRADA DE UN SOLO ELECTOR A LA VEZ, AL COLEGIO ELECTORAL, es obvio que el proceso organizado de esta forma tomará mucho más tiempo de lo habitual, lo que aceptaron las fuerzas opositoras para dar seguridad a los electores contra el posible contagio del Covid-19, tratando de poner un contrapeso ante la estrategia del miedo abrazada por el gobierno.

¿Cuánto demorará el proceso con cada elector? Es obvio que el votante debe ser identificado, encontrado en el padrón, para luego recibir el marcador desinfectado y las tres boletas, ir a la casilla de votación, elegir en las tres boletas y marcarlas, asegurarse de que la tinta se seque, doblarlas, echarlas en las tres urnas correspondientes, firmar el padrón y entintarse el dedo, y luego recibir su cédula desinfectada, y -solo después- salir para que pueda acceder al recinto el siguiente elector, y seguir a su vez esta sucesión de actos. ¿Cuánto demorará ese iter para cada elector? Estimo -siendo optimista- que no menos de 2 ni más de 5 minutos. Sabiendo que los Colegios Electorales están organizados para tener 600 votantes en su padrón, que las horas “siguen teniendo” 60 minutos, y que la jornada de votación está prevista a celebrarse entre 7:00 a.m. y 5:00 p.m. (10 horas = 600 minutos), veamos cuántas personas podrán votar durante el día, según el tiempo promedio que demore cada elector en sufragar: Si demoran 2 minutos, entonces son 600 minutos hábiles entre 2 minutos por elector, para un resultado de 300 votantes. Y así sucesivamente, si demoran 3 minutos, entonces sólo votarían 200 personas. Si demoran 4 minutos, entonces sólo 150. Peor, si demoran 5 minutos, entonces sólo votarían 120 personas por Colegio Electoral.

Es obvio entonces que en los Colegios Electorales más concurridos la jornada no será suficiente para que todos puedan votar. Repito que eso lo saben todos los partidos, pero lo aceptaron porque la ley manda que todo el que se coloque en la fila antes de las 5:00 p.m. tiene derecho a votar, no importa cuánto tiempo más se demore el proceso. No obstante, esa Junta Central Electoral -que algún día deberá rendir cuentas de sus acciones ante la justicia- ahora se despacha con una Resolución totalmente ilegal, contraria al mandato del Art. 230 de la Ley núm. 15-19 sobre Régimen Electoral, y que solo puede explicarse en el marco de una entente, tendente a impedir que millones de electores logren votar, y con esa “abstención” conseguir un resultado electoral favorable al gobierno, apostando a la “dureza” del voto de los empleados públicos y a los votos comprados.

Es claro que esta “cándida” Resolución solo tiene el propósito de hacer posible un inmenso y vulgar fraude en contra de la oposición, y que la Junta Central Electoral no puede ahora pretender actuar como si ignorase las consecuencias y la ilegalidad de la misma. A esto, sumemos que muchos Colegios Electorales no inician la jornada sino entre una hora y una hora y media después de la hora que indica la ley, que el PLD dice que conoce por quién vota cada quién en cada Colegio Electoral, que hay quejas por dislocamiento de electores hacia otros Colegios Electorales distantes de sus domicilios, y que el distanciamiento social hace que las filas de personas -con dos metros de separación entre una y otra- se alarguen bastante. Por esto, impedir que voten personas que estén en las filas a la hora de cierre (5:00 p.m.) convertiría, tanto a los funcionarios de Colegios Electorales que lo acaten, como a la Junta Central Electoral, en reos del delito electoral de negarse a recibir el voto de una persona con derecho a votar, previsto y sancionado por el Art. 284 de la Ley núm. 15-19.

Rescate Democrático ha venido advirtiendo, con relación al gobierno del PLD: no se van, habrá que echarlos del poder. Los candidatos de la oposición deben de ponerse todos a una, pues si aceptan la marrulla arriba descrita, solo nos restará exhortarlos para que no vengan el lunes a llorar -como niños- por aquello que -hoy y el domingo- no estén decididos a defender férreamente, como hombres y mujeres de coraje.

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