El desorden, la inconducta, el irrespeto que vemos y sufrimos en todas partes se alimentan de la ignorancia de los otros que, con frecuencia, ni se percatan de la violación porque viven entre violaciones múltiples diariamente; se nutren de la flaqueante voluntad de la gente por conservar normas de convivencia. El orden construido por otras generaciones se desmorona delante nuestro.

Padres que no corrigen a sus hijos, unos porque no saben como, otros porque no tienen tiempo, muchos porque carecen de la voluntad de hacerlo y de hecho, muchos de estos padres son, a su vez, hijos de hogares deshechos o inexistentes; otros padres en el afán de lucir políticamente correctos y modernos se dejan intimidar y gobernar por sus hijos con lo cual aquellos se convierten en monstruos egoístas, animales de una nueva galaxia, tiranos a tiempo completo, bestias de nuevo cuño a los cuales -otra vez los padres- en lugar de educar y corregir amansan con tabletas, celulares y regalos.

Estos niños ya no juegan porque se teme del vecino, no dibujan porque es anticuado, no garabatean porque ni papel usan y no conocen la aventura, el mundo, lo real y hasta los animales a los que solamente han visto en una pantalla. 
Además de privarlos de cualquier imaginación posible, esta visualización perenne de una pantalla los hace mas intolerantes porque basta un click al teclado para desaparecer a quien no les agrada o terminar un diálogo inoportuno.

Por si todo lo anterior no bastara, los padres hoy están criando y ya produjeron una primera generación de muchachos a los cuales hay que mantener entretenidos todo el tiempo. Los padres que crean que van a sacar algo de semejante crianza, están tan equivocados como los que crean que con esa humanidad se puede construir una nación o siquiera un cuerpo social.

El mundo que se avecina está ya al doblar la esquina, es el mundo de esos monstruos construidos por la época y por los propios padres, y ya mas de un amigo –Cocó entre ellos- me ha escrito que no, que ese mundo no está al doblar de ninguna esquina, sino aquí y hace rato.

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